Decimos, pues, que si la expresión posición-clave ha de representar un concepto independiente en la estrategia, no debe ser más que el de una localidad cuya posesión es indispensable antes de atreverse a entrar en el país del enemigo. Pero si optamos por designar con ese término a todo punto de entrada conveniente a un país, o a todo punto central ventajoso en el país, entonces el término pierde su verdadero significado (es decir, su valor) y denota algo que puede encontrarse en cualquier parte en mayor o menor medida. Se convierte entonces en una mera y agradable figura retórica.
Pero posiciones tales como el término transmite a nuestra mente son muy raramente en realidad las que cabe encontrar. En general, la mejor llave del país se encuentra en el ejército enemigo; y cuando la idea de país predomina sobre la de la fuerza armada, deben prevalecer algunas circunstancias muy especialmente ventajosas. Estas, según nuestra opinión, pueden reconocerse por tender a dos resultados principales:
- primero, que la fuerza que ocupa la posición, con la ayuda del terreno, obtiene una capacidad extraordinaria de resistencia táctica;
- segundo, que las líneas de comunicación del enemigo pueden ser amenazadas eficazmente desde esta posición antes de que él pueda amenazar las nuestras.