acontecimientos. Su ataque lo conduce con frecuencia más allá de lo que había previsto; tras un descanso mayor o menor, a menudo obtiene fuerzas renovadas, sin que estemos obligados a hacer de esto dos actos completamente diferentes; en otras ocasiones se ve detenido antes de lo esperado, sin abandonar por ello sus intenciones ni pasar a una defensa real. Vemos, por consiguiente, que si la defensa exitosa puede transformarse imperceptiblemente en la ofensiva, por otra parte, un ataque puede, del mismo modo, transformarse en defensa. Estas gradaciones deben tenerse presentes para evitar hacer una aplicación errónea de lo que tenemos que decir sobre el ataque en general.
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CAPÍTULO III. De los Objetivos del Ataque Estratégico
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