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CAPÍTULO X. Fortalezas

mucho más en los libros.

Natural como era esta tendencia de las cosas, aun así estas ideas se llevaron a un extremo, y meras ocurrencias y caprichos desplazaron el núcleo sólido de una necesidad natural y urgente.

Examinaremos estas necesidades sencillas e importantes cuando enumeremos en conjunto los objetos y las condiciones de las fortalezas; avanzaremos así de lo simple a lo más complicado, y en el capítulo siguiente veremos lo que de ello se deduce en cuanto a la determinación de la posición y el número de las fortalezas.

La eficacia de una fortaleza se compone claramente de dos elementos diferentes, el pasivo y el activo. Por el primero resguarda la plaza, y todo lo que ella contiene; por el otro posee cierta influencia sobre el país adyacente, incluso más allá del alcance de sus cañones.

Este elemento activo consiste en los ataques que la guarnición puede emprender contra todo enemigo que se acerque a una cierta distancia. Cuanto mayor sea la guarnición, tanto más fuertes numéricamente serán los destacamentos que puedan emplearse en tales expediciones, y cuanto más fuertes sean dichos destacamentos, más amplio será, por regla general, el radio de sus operaciones; de lo cual se deduce que la esfera de influencia activa de una gran fortaleza no solo es mayor en intensidad, sino también más extensa que la de una pequeña. Pero el elemento activo en sí es, a su vez, en cierta medida, de dos clases, consistiendo concretamente en empresas de la guarnición propiamente dicha y en empresas que otros cuerpos de tropas, grandes y pequeños, que no pertenecen a la guarnición pero actúan en cooperación con ella, puedan llevar a cabo. Por ejemplo, cuerpos que de manera independiente serían demasiado débiles para hacer frente al enemigo, pueden, gracias al amparo que, en

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