Una defensa directa de un río, por lo tanto, cuando las masas de tropas empeñadas son considerables, el río grande y otras circunstancias favorables, puede considerarse como un medio defensivo muy bueno, y puede arrojar resultados a los que los comandantes de los tiempos modernos (influidos únicamente por el pensamiento de infructuosas tentativas de defender ríos, que fracasaron por medios insuficientes) han prestado muy poca atención.
Pues si, de acuerdo con la suposición recién hecha (que puede realizarse fácilmente en relación con ríos como el Rin o el Danubio), una defensa eficaz de 24 millas de río es posible por 60.000 hombres frente a una fuerza muy considerablemente superior, bien podemos decir que tal resultado merece consideración.
Decimos, en oposición a una fuerza considerablemente superior, y debemos volver de nuevo sobre ese punto. De acuerdo con la teoría que hemos expuesto, todo depende de los medios para efectuar el cruce, y nada de la fuerza numérica de la fuerza que pretende cruzar, suponiendo siempre que esta no sea menor que la fuerza que defiende el río.
Esto parece muy extraordinario, y sin embargo es verdad. Pero debemos cuidarnos de no olvidar que la mayoría de las defensas de ríos, o, más propiamente hablando, la totalidad de ellas, no tienen puntos d'appui absolutos; por lo tanto, pueden ser desbordadas, y este movimiento de desbordamiento será mucho más fácil si el enemigo cuenta con un número muy superior.
Si ahora reflexionamos que una defensa tan directa de un río, aun cuando sea vencida por el enemigo, no es en modo alguno comparable a una batalla perdida, y aún menos puede conducir a una derrota completa, puesto que solo una parte de nuestra fuerza ha entrado en combate, y el enemigo, retenido por el tedioso cruce de sus tropas a través de un solo puente, no puede explotar inmediatamente su victoria, estaremos tanto menos dispuestos a despreciar este medio de defensa.