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CAPÍTULO XII. Medios estratégicos para utilizar la victoria

Es entonces principalmente, como hemos dicho antes, cuando los trofeos que dan sustancia a la victoria empiezan a recogerse. De esta persecución hablaremos a continuación.

Generalmente ambos bandos entran en acción con sus fuerzas físicas considerablemente deterioradas, pues los movimientos inmediatamente precedentes suelen tener el carácter de circunstancias muy urgentes.

Los esfuerzos que cuesta el desarrollo de un gran combate completan el agotamiento; de esto se deduce que el partido victorioso se halla muy poco menos desorganizado y fuera de su formación original que el vencido, y por consiguiente necesita tiempo para reorganizarse, reunir a los dispersos y repartir munición nueva a los que se han quedado sin ella.

Todas estas cosas colocan al propio vencedor en el estado de crisis de que ya hemos hablado.

Si ahora la fuerza derrotada es solo una parte aislada del ejército enemigo, o si de otro modo ha de esperar un refuerzo considerable, entonces el vencedor puede correr fácilmente el peligro evidente de pagar caro su victoria, y esta consideración, en tal caso, pone fin muy pronto a la persecución, o al menos la restringe sustancialmente.

Aun cuando no deba temerse un fuerte incremento de la fuerza del enemigo, el vencedor encuentra en las circunstancias anteriores un poderoso freno a la vivacidad de su persecución.

No hay razón para temer que la victoria le sea arrebatada, pero aún son posibles combates adversos que puedan disminuir las ventajas obtenidas hasta el presente.

Además, en este momento todo el peso de cuanto hay de corpóreo en un ejército, de sus necesidades y debilidades, depende de la voluntad del comandante. Todos los miles de hombres bajo su mando exigen descanso

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