Las marchas son bastante idénticas al empleo de las tropas. El acto de marchar en el combate, llamado generalmente maniobra, ciertamente no incluye necesariamente el uso de las armas, pero está tan completa y necesariamente combinado con él que forma una parte integrante de eso que llamamos combate.
Pero la marcha fuera del combate no es más que la ejecución de una medida estratégica. Mediante el plan estratégico se determina cuándo, dónde y con qué fuerzas debe librarse una batalla, y para llevarlo a cabo la marcha es el único medio.
La marcha fuera del combate es, por tanto, un instrumento de estrategia, pero no por ello exclusivamente un asunto de la estrategia, pues como la fuerza armada que la ejecuta puede verse envuelta en un combate posible en cualquier momento, su ejecución se rige también por reglas tanto tácticas como estratégicas.
Si le prescindimos a una columna su ruta en un lado determinado de un río o de una estribación de una montaña, eso es una medida estratégica, pues contiene la intención de combatir en ese lado particular de la colina o del río con preferencia al otro, en caso de que sea necesario un combate durante la marcha.
Pero si una columna, en vez de seguir el camino por un valle, marcha a lo largo de la cresta paralela de las alturas, o para la comodidad de la marcha se divide en varias columnas, entonces estas son disposiciones tácticas, pues se relacionan con la manera en que usaremos las tropas en el combate previsto.
El orden particular de marcha se halla en constante relación con la preparación para el combate y es, por consiguiente, de naturaleza táctica, ya que no es otra cosa que la primera o preliminar disposición para la batalla que posiblemente pueda tener lugar.