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CAPÍTULO X. Fortalezas

caso de necesidad, les brindan los muros de una fortaleza, mantenerse en el país y dominarlo hasta cierto punto.

Las empresas que la guarnición de una fortaleza puede arriesgarse a emprender son siempre algo limitadas. Aun en el caso de plazas grandes y guarniciones fuertes, los cuerpos de tropas que pueden emplearse en tales operaciones son por lo general insignificantes en comparación con las fuerzas en campaña, y su radio de acción medio rara vez supera un par de jornadas de marcha.

Si la fortaleza es pequeña, los destacamentos que puede enviar son completamente insignificantes y el radio de su actividad se limitará por lo general a los pueblos más cercanos.

Pero los cuerpos que no pertenecen a la guarnición y, por lo tanto, no tienen la necesidad de regresar a la plaza, gozan de mucha más libertad en sus movimientos y, por medio de ellos, si las demás circunstancias son favorables, la zona de acción externa de una fortaleza puede ampliarse inmensamente. Por consiguiente, si hablamos de la influencia activa de las fortalezas en términos generales, debemos tener siempre muy presente este aspecto de las mismas.

Pero hasta el elemento activo más pequeño de la guarnición más débil sigue siendo esencial para los diferentes objetivos que las fortalezas están destinadas a cumplir, pues, estrictamente hablando, ni siquiera la más pasiva de todas las funciones de una fortaleza (la defensa contra el ataque) puede concebirse sin esa intervención activa. Al mismo tiempo es evidente que entre los diferentes propósitos que una fortaleza puede tener que cumplir en general, o en este o aquel momento, el elemento pasivo será más necesario en un momento dado, y el activo en otro. El papel que una fortaleza debe desempeñar puede ser perfectamente simple, y la acción de la plaza será en tal caso hasta cierto punto directa;

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