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CAPÍTULO XV. Defensa de las montañas

disposición concentrada del ejército sobre una extensa meseta de montaña. Allí podemos imaginar un frente muy fuerte; unos flancos muy difíciles de abordar y, sin embargo, la más perfecta libertad de movimiento, tanto dentro como en la retaguardia de la posición. Tal posición sería una de las más fuertes que puedan existir, pero no es mucho más que una ilusión, pues aunque la mayoría de las montañas se atraviesan más fácilmente a lo largo de sus crestas que en sus vertientes, la mayoría de las mesetas montañosas son o bien demasiado pequeñas para tal propósito, o bien no tienen el derecho legítimo de llamarse mesetas, y se denominan así más en un sentido geológico que geométrico.

Para los cuerpos de tropas más pequeños, las desventajas de una posición defensiva en las montañas disminuyen, como ya hemos señalado. La causa de esto es que dichos cuerpos ocupan menos espacio, requieren menos caminos para la retirada, etc., etc.

Una sola colina no es un sistema montañoso y no presenta las mismas desventajas. Cuanto menor sea la fuerza, más fácil le resultará establecerse en una sola cresta o colina, y menor será la necesidad de enredarse en las complejidades de innumerables gargantas montañosas escarpadas.

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