En el capítulo sobre la esencia y el objeto de la guerra trazamos, en cierta medida, su concepción general y señalamos sus relaciones con las circunstancias circundantes, para comenzar con una idea fundamental sólida. Echamos allí una ojeada a las múltiples dificultades con que tropieza el espíritu en la consideración de este tema, mientras posponíamos un examen más detenido de las mismas y nos deteníamos en la conclusión de que el derrocamiento del enemigo, y en consecuencia la destrucción de su fuerza combatiente, es el objeto principal de toda la acción de la guerra.
Esto nos puso en situación de mostrar en el capítulo siguiente que el medio de que se sirve el acto de la guerra es el combate únicamente. De este modo, creemos haber obtenido desde el principio un punto de vista correcto.
Habiendo examinado ya una a una todas las principales relaciones y formas que aparecen en la acción militar, pero que son extrañas al combate o se encuentran fuera de este, con el fin de determinar con mayor precisión su valor, en parte por la naturaleza de las cosas, en parte por las lecciones de la experiencia que la historia militar ofrece, de purificarlas y desarraigar de ellas aquellas ideas vagas y ambiguas que por lo general se mezclan con ellas, y también de poner de relieve el verdadero objeto del acto de la guerra, la destrucción de la fuerza combatiente del enemigo como el objetivo primordial que universalmente le pertenece; volvemos ahora a la Guerra en su conjunto, puesto que nos proponemos hablar del Plan de Guerra y de las campañas; y ello nos obliga a retornar a las ideas de nuestro primer libro
En estos capítulos, que van a tratar toda la cuestión, se contiene la estrategia, propiamente dicha, en sus rasgos más abarcadores e