Pero es fácil ver que esta cuestión no puede responderse sin tomar en consideración los probables movimientos de los Ejércitos del Rin en ambos bandos.
Dada la decidida superioridad numérica por parte de los franceses —130.000 frente a 80.000—, cabía poca duda sobre el resultado; pero entonces surge la siguiente pregunta: ¿Qué uso haría el Directorio de una victoria?, ¿si darían continuidad a su éxito hasta las fronteras opuestas de la monarquía austriaca, logrando por tanto la completa destrucción o derrocamiento de esa potencia, o si se conformarían con la conquista de una porción considerable que sirviera como garantía para la paz?
El resultado probable en cada caso debe ser estimado, para poder llegar a una conclusión sobre la probable determinación del Directorio.
Suponiendo que el resultado de estas consideraciones fuera que las fuerzas francesas eran demasiado débiles para la subyugación completa de la monarquía austriaca, de modo que el intento pudiera invertir por completo las respectivas posiciones de los Ejércitos contendientes, y que incluso la conquista y ocupación de una región considerable colocaría al Ejército francés en relaciones estratégicas para las cuales no estaba preparado, entonces tal resultado debía influir necesariamente en la valoración de la posición del Ejército de Italia y obligarle a rebajar sus expectativas.
Y esto fue sin duda lo que influyó en Buonaparte para que, aun siendo plenamente consciente de la situación de indefensión del Archiduque, firmara no obstante la paz de Campo Formio, la cual no impuso a los austriacos mayores sacrificios que la pérdida de provincias que, incluso si la campaña tomaba el rumbo más favorable para ellos, no habrían podido reconquistar.
Pero los franceses no podían haber contado ni siquiera con el tratado, relativamente moderado, de Campo Formio, y, por tanto, este no podía