La campaña de Federico el Grande en Moravia en 1742, en Bohemia en 1744, la campaña francesa en Austria y Bohemia en 1743, la campaña del duque de Brunswick en Francia en 1792, la campaña de invierno de Massena en Portugal en 1810-11, son casos todos en los que esto se ejemplifica, aunque en proporciones y relaciones menores; existen además innumerables operaciones fragmentarias de esta índole, cuyos resultados, aunque no en su totalidad, deben atribuirse en parte al principio que aquí sostenemos; estas no las traemos a colación porque requeriría un desarrollo de circunstancias que nos llevaría a un campo demasiado extenso.
En Rusia, y en los otros casos citados, la crisis o el giro de los acontecimientos tuvo lugar sin una batalla victoriosa que decidiera en el punto culminante; pero aun cuando no deba esperarse tal efecto, es siempre una cuestión de inmensa importancia en este modo de defensa lograr una relación de fuerzas que haga posible la victoria y, mediante esa victoria, como a través de un primer golpe, provocar un movimiento que por lo general sigue aumentando en sus efectos desastrosos según las leyes aplicables a los cuerpos que caen.