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CAPÍTULO XVII. Defensa de las montañas ( continuación )

En el capítulo décimo quinto hablamos de la naturaleza de los combates en las montañas, y en el décimo sexto del uso que la estrategia debe hacer de ellos, y al hacerlo tropezamos a menudo con la idea de la defensa de montaña, sin detenernos a considerar la forma y los detalles de tal medida. Ahora la examinaremos más de cerca.

Como los sistemas montañosos se extienden con frecuencia como vetas o cinturones sobre la superficie de la tierra, y forman la división entre corrientes que fluyen en diferentes direcciones, constituyendo por tanto la separación entre sistemas hídricos enteros, y como esta forma general se repite en las partes que componen dicho todo, en la medida en que estas partes divergen de la cadena principal en ramales o crestas, formando a su vez la separación entre sistemas hídricos menores; de ahí que la idea de un sistema de defensa montañosa se haya fundado primeramente, y se haya desarrollado después, sobre la concepción de la forma general de las montañas, la de un obstáculo, a modo de gran barrera, de mayor longitud que anchura. Aunque los geólogos aún no están de acuerdo en cuanto al origen de las montañas y las leyes de su formación, en todo caso el curso de las aguas indica de la manera más breve y segura la forma general del sistema, ya haya contribuido la acción del agua a dar dicha forma general (según la teoría acuosa), o bien sea el curso del agua una consecuencia de la forma del sistema mismo. Fue, por consiguiente, muy natural de nuevo, al idear un sistema de defensa montañosa, tomar el curso de las aguas como guía, ya que dichos

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