el presente; por último, no sólo directamente por sí mismo, sino también indirectamente por la responsabilidad que hace que recaiga con diez veces más peso sobre la mente del actor principal. ¿Quién podría aconsejar, o decidirse por, una gran batalla, sin sentir su mente más o menos agitada o perpleja por el peligro y la responsabilidad que un acto de decisión tan grande lleva en sí mismo? Podemos decir que la acción en la guerra, en la medida en que es acción real, y no una mera condición, nunca está fuera de la esfera del peligro.
20. OTROS PODERES DEL SENTIMIENTO.
Si consideramos que estas pasiones que despiertan la hostilidad y el peligro pertenecen exclusivamente a la guerra, no por ello excluimos de ella todas las demás que acompañan al hombre en el viaje de su vida. También encontrarán aquí espacio con bastante frecuencia.
Ciertamente podemos decir que muchas pequeñas acciones de las pasiones quedan silenciadas en este grave asunto de la vida; pero esto solo es válido para aquellos que actúan en una esfera inferior, quienes, arrastrados de un estado de peligro y esfuerzo a otro, pierden de vista el resto de las cosas de la vida, se deshabituan del engaño, porque este de nada sirve frente a la muerte, y alcanzan así esa sencillez de carácter propia del soldado que siempre ha sido el mejor representante de la profesión militar.
En las altas esferas ocurre de otro modo, pues cuanto más elevado es el rango de un hombre, más debe mirar a su alrededor; surgen entonces intereses por todas partes y una múltiple actividad de pasiones, tanto buenas como malas. La envidia y la generosidad, el orgullo y la humildad, la fiereza y la ternura, todas pueden manifestarse como fuerzas activas en este gran drama.