El éxito del ataque es el resultado de una superioridad de fuerza presente, debiéndose entender que se incluyen tanto las fuerzas morales como las físicas. En el capítulo precedente hemos demostrado que el poder del ataque se agota gradualmente; posiblemente al mismo tiempo la superioridad pueda aumentar, pero en la mayoría de los casos disminuye. El atacante adquiere ventajas prospectivas que habrán de hacerse valer más adelante en las negociaciones de paz; pero, entretanto, tiene que pagar al contado por ellas una cierta cantidad de su fuerza militar. Si la preponderancia del lado del ataque, aunque disminuya así diariamente, se mantiene todavía hasta que se concluye la paz, el objetivo se alcanza. Hay ataques estratégicos que han conducido a una paz inmediata, pero tales casos son raros; la mayoría, por el contrario, conduce únicamente a un punto en el cual las fuerzas restantes son apenas suficientes para mantener una defensiva y esperar la paz. Más allá de ese punto la balanza se inclina, se produce una reacción; la violencia de tal reacción es comúnmente mucho mayor que la fuerza del golpe. A esto lo llamamos el punto culminante del ataque. Como el objetivo del ataque es la posesión del territorio del enemigo, se sigue que el avance debe continuar hasta que la superioridad se agote; esta causa, por lo tanto, nos impulsa hacia el objetivo último y fácilmente puede llevarnos más allá de él.
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CAPÍTULO V. Punto culminante del ataque
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