De esto se deduce, por tanto, que la fuerza, la relación entre las tres armas y la posición deben ser consideradas si el combate ha de cumplir un objetivo mediante su duración; pero establecer esta regla revestía menor importancia para nosotros en nuestras presentes consideraciones que vincularla de inmediato con los principales resultados que la experiencia nos brinda sobre el asunto.
Aun la resistencia de una División ordinaria de 8000 a 10 000 hombres de todas las armas, incluso opuesta a un enemigo considerablemente superior en número, durará varias horas; si las ventajas del terreno no son demasiado predominantes, y si el enemigo es solo un poco, o nada en absoluto, superior en número, el combate durará medio día.
Un Cuerpo de tres o cuatro Divisiones lo prolongará al doble de tiempo; un Ejército de 80 000 o 100 000, a tres o cuatro veces.
Por tanto, se puede dejar a las masas a su propia suerte durante ese espacio de tiempo, y no se libra ningún combate separado si dentro de ese tiempo se pueden traer otras fuerzas cuya cooperación se funde entonces de inmediato, en un solo torrente, con los resultados del combate que ha tenido lugar.
Estos cálculos son el resultado de la experiencia; pero al mismo tiempo nos importa caracterizar más en particular el momento de la decisión, y por consiguiente la conclusión.