Por consiguiente, si nada más que el número y el valor de los combates victoriosos deciden en la guerra, es evidente que el valor comparativo de los ejércitos opuestos y la capacidad de sus respectivos líderes vuelven a ocupar el primer lugar a considerar, y que el papel que desempeña la influencia del terreno solo puede ser de un orden inferior.
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CAPÍTULO XVIII. Dominio del terreno
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