Duque, debido a su indecisión, se había quedado entre dos sillas; abandonó su primera posición demasiado tarde para introducir a su ejército antes que el enemigo, y demasiado pronto para una batalla adecuada al objetivo. Sin embargo, la fuerza natural de esta posición demostró ser tal que el Duque pudo destruir el ala derecha del ejército enemigo en Auerstadt, mientras que el príncipe Hohenlohe, mediante una retirada sangrienta, aún pudo salir del apuro; pero en Auerstadt no se atrevieron a materializar la victoria, que era completamente cierta; y en Jena creyeron que podían contar con una que era del todo imposible.
En cualquier caso, Buonaparte sentía de tal manera la importancia estratégica de la posición en el Saale, que no se aventuró a pasar de largo, sino que decidió forzar el paso del Saale a la vista del enemigo.
Por lo que hemos dicho hasta ahora, creemos haber determinado suficientemente las relaciones entre la defensa y el ataque cuando se persigue un curso de acción decisivo, y creemos haber mostrado también los hilos a los que, según su situación y conexión, se adhieren los diferentes temas del plan de defensa.
Entrar en los diferentes arreglos con mayor detalle no entra dentro de nuestras miras, pues ello nos conduciría a un campo sin límites de casos particulares. Cuando un general ha establecido un punto claro para su orientación, verá hasta qué punto este coincide con las circunstancias geográficas, estadísticas y políticas, las relaciones materiales y personales de su propio ejército y las del enemigo, y cómo unas u otras pueden exigir que sus planes sean modificados al llevarlos a la práctica.
Pero para conectar más claramente y examinar de cerca las gradaciones de la defensa especificadas en el capítulo sobre los diferentes tipos de defensa, expondremos aquí ante nuestros lectores lo que nos parece más importante en relación con la misma en general.