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CAPÍTULO V. La virtud militar de un ejército

Por mucho empeño que se ponga en combinar al soldado y al ciudadano en uno y el mismo individuo, se haga lo que se haga por nacionalizar las guerras y por mucho que imaginemos que los tiempos han cambiado desde los días de los viejos condottieri, jamás será posible eliminar la individualidad del oficio; y si esto no puede hacerse, entonces quienes pertenecen a él, mientras le pertenezcan, se considerarán siempre como una especie de gremio, en cuyas reglas, leyes y costumbres el «espíritu de la guerra» encuentra preferentemente su expresión.

Y así es en realidad. Aun con la inclinación más decidida a contemplar la guerra desde el punto de vista más elevado, sería muy erróneo menospreciar este espíritu corporativo (esprit de corps), que puede y debe existir en mayor o menor grado en todo ejército. Este espíritu corporativo forma el vínculo de unión entre las fuerzas naturales activas en eso que hemos llamado virtud militar. Los cristales de la virtud militar tienen mayor afinidad por el espíritu de un cuerpo corporativo que por cualquier otra cosa.

Un Ejército que conserva sus formaciones habituales bajo el más intenso fuego, que jamás se ve sacudido por temores imaginarios y que ante el peligro real disputa el terreno palmo a palmo; que, orgulloso del sentimiento de sus victorias, no pierde nunca el sentido de la obediencia, ni el respeto y la confianza hacia sus jefes, aun bajo los efectos deprimentes de la derrota; un Ejército con todas sus fuerzas físicas, curtido en las privaciones y la fatiga por el ejercicio, como los músculos de un atleta; un Ejército que considera todos sus fatigas como el medio para alcanzar la victoria, no como una maldición que se cierne sobre sus enseñas, y a quien sus deberes y virtudes le son recordados constantemente por el breve catecismo de una sola idea, a saber, el honor de sus armas;—Tal Ejército está imbuido del verdadero espíritu militar.

Los soldados pueden luchar con valentía como los vendeanos, y hacer grandes cosas como los suizos, los americanos o los españoles, sin

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