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CAPÍTULO XVIII. Tensión y reposo

Cuando este movimiento se haya agotado, ya sea en las dificultades que hubo que dominar, al superar su propia fricción interna, o a través de nuevas fuerzas de resistencia preparadas por los actos del enemigo, entonces se produce un estado de reposo o una nueva tensión con una decisión, y luego un movimiento nuevo, en la mayoría de los casos en dirección opuesta.

Esta distinción especulativa entre equilibrio, tensión y movimiento es más esencial para la acción práctica de lo que a primera vista pueda parecer.

En un estado de reposo y de equilibrio puede prevalecer por un lado una actividad de índole variada que surge de la oportunidad, y no aspira a una gran alteración.

Tal actividad puede contener combates importantes —incluso batallas campales—, pero aun así es de una naturaleza bastante diferente y, por esa razón, por lo general distinta en sus efectos.

Si existe un estado de tensión, los efectos de la decisión son siempre mayores, en parte porque una mayor fuerza de voluntad y una mayor presión de las circunstancias se manifiestan en ella; en parte porque todo se ha preparado y dispuesto para un gran movimiento. La decisión en tales casos se asemeja al efecto de una mina bien cerrada y apisonada, mientras que un acontecimiento en sí mismo tal vez igual de grande, en un estado de reposo, se parece más o menos a una masa de pólvora disipada en el aire libre.

Al mismo tiempo, como es natural, el estado de tensión debe imaginarse en diferentes grados de intensidad, y por lo tanto puede acercarse gradualmente, mediante muchos pasos, al estado de reposo, de modo que al final hay una diferencia muy ligera entre ambos.

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