acontecimiento futuro o bien se da a conocer a su debido tiempo, o puede descubrirse con razonable certeza.
Por otra parte, el uso de una reserva en esta provincia de la Estrategia, aun cuando se dispusiera de una, siempre será menos eficaz cuanto más tienda la medida a tener un carácter general.
Hemos visto que la decisión de un combate parcial no es nada en sí misma, sino que todos los combates parciales encuentran su solución completa únicamente en la decisión del combate total.
Pero aun esta decisión del combate total solo tiene un significado relativo de muchas gradaciones diferentes, según que la fuerza sobre la cual se ha obtenido la victoria forme una parte mayor o menor e importante del todo.
La batalla perdida de un cuerpo de ejército puede ser reparada por la victoria del Ejército. Incluso la batalla perdida de un Ejército no solo puede verse contrarrestada por la ganancia de otra más importante, sino convertirse en un acontecimiento afortunado (los dos días de Kulm, 29 y 30 de agosto de 1813(*)).
Nadie puede dudar de esto; pero es igualmente claro que el peso de cada victoria (el resultado exitoso de cada combate total) es tanto más sustancial cuanto más importante es la parte conquistada, y que, por tanto, la posibilidad de reparar la pérdida mediante acontecimientos posteriores disminuye en la misma proporción.
En otro lugar tendremos que examinar esto con más detalle; basta por ahora con haber llamado la atención sobre la existencia indudable de esta progresión.
Si ahora añadimos por último a estas dos consideraciones la tercera, que es que si el uso persistente de las fuerzas en la táctica desplaza siempre el