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CAPÍTULO II. Naturaleza del ataque estratégico

y aguardar refuerzos, etc., cuando el defensor se halla cerca de sus fortalezas y suministros, mientras que la situación del atacante, por otra parte, es como la de un pájaro en un árbol. Todo ataque debe conducir a una defensa; cuál ha de ser el resultado de esa defensa depende de las circunstancias; estas circunstancias pueden ser muy favorables si las fuerzas del enemigo son destruidas; pero pueden ser muy desfavorables si no ocurre tal cosa. Aunque esta defensa no pertenece al ataque en sí, su naturaleza y sus efectos deben repercutir en el ataque y deben contribuir a determinar su valor.

La deducción que se desprende de este punto de vista es que en todo ataque la defensiva, que es necesariamente un rasgo inherente al mismo, debe ser tomada en consideración, para ver con claridad las desventajas a las que está sujeta y estar preparado para ellas.

Por otro lado, bajo otro respecto, el ataque es siempre en sí mismo uno y el mismo. Pero la defensa tiene sus gradaciones según que el principio de la expectativa se aproxime a su fin. Esto engendra formas que difieren esencialmente unas de otras, tal como se ha desarrollado en el capítulo sobre las formas de la defensa.

Como el principio del ataque es estrictamente activo, y la defensa que a él se une no es más que un peso muerto, no existe, por tanto, el mismo tipo de diferencia en aquel. Sin duda, en la energía empleada en el ataque, en la rapidez y fuerza del golpe, puede haber una gran diferencia, pero solo una diferencia de grado, no de forma.—Es perfectamente concebible incluso que el atacante elija una forma defensiva para alcanzar mejor su objetivo; por ejemplo, que elija una posición fuerte para ser atacado allí; pero tales casos son tan raros que no creemos necesario detenernos en ellos al agrupar nuestras ideas y hechos, los cuales se basan siempre en la práctica. Podemos, por

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