transporte. En la época de Luis XIV, el concepto de teatro de la guerra aún no se había ligado a la posición de un ejército. En la Guerra de los Treinta Años en particular, los ejércitos se movían aquí y allá de forma esporádica ante tal o cual fortaleza —en cuyas inmediaciones no había en absoluto ningún cuerpo enemigo— y la sitiaban tanto tiempo como duraba el equipo de sitio que habían traído consigo, y hasta que un ejército enemigo se acercaba para socorrer el lugar. Entonces las líneas de circunvalación encontraban su fundamento en la naturaleza de las
En el futuro no es probable que vuelvan a emplearse a menudo, a menos que el enemigo sobre el terreno sea muy débil, o la concepción del teatro de guerra se desvanezca ante la del asedio. Entonces será natural mantener todas las fuerzas unidas en el asedio, ya que de ese modo este gana indudablemente en energía en un alto grado.
Las líneas de circunvalación en el reinado de Luis XIV, en Cambrai y Valenciennes, fueron de poca utilidad, ya que las primeras fueron tomadas por asalto por Turena, que se enfrentaba a Conde, y las segundas por Conde, que se oponía a Turena; pero no debemos pasar por alto el sinfín de otros casos en los que fueron respetadas, incluso cuando existía en la plaza la más urgente necesidad de socorro; y cuando el comandante en el bando defensivo era un hombre de gran empresa, como en 1708, año en que Villars no se atrevió a atacar a los aliados en sus líneas de Lille. Federico el Grande en Olmütz, en 1758, y en Dresde, en 1760, aunque no disponía de líneas regulares de circunvalación, tenía un sistema que en lo esencial era idéntico; utilizaba el mismo ejército para llevar a cabo el sitio y también como ejército de cobertura. * La distancia del ejército austriaco le indujo a adoptar este plan en Olmütz, pero la pérdida de su convoy en Domstädtel le hizo arrepentirse de