Se ha censurado generalmente a Melas por no haber ocupado los pasos alpinos en 1800; pero tales críticas no son más que «nociones prematuras» —podríamos decir—, juicios pueriles fundados en las apariencias. Buonaparte, en el lugar de Melas, habría pensado tan poco en ocupar los pasos.
Las disposiciones para el ataque de posiciones en terreno montañoso son en su mayor parte de índole táctica; pero creemos necesario insertar aquí las siguientes observaciones en cuanto al esquema general, y por consiguiente en cuanto a aquellas partes que entran en contacto inmediato y coinciden con la estrategia.
- Como no podemos apartarnos de los caminos en las montañas como podemos hacerlo en otras regiones, y formar dos o tres columnas a partir de una, cuando la exigencia del momento requiere que la masa de tropas sea dividida; sino que, por el contrario, generalmente estamos limitados a desfiladeros largos; el avance en las montañas debe hacerse por lo general en varios caminos, o más bien sobre un frente algo más ancho.
- Contra una línea de defensa montañosa de gran extensión, el ataque debe realizarse naturalmente con fuerzas concentradas; allí no puede pensarse en rodear el conjunto, y si ha de obtenerse un resultado importante de la victoria, este debe lograrse más bien rompiendo la línea del enemigo y separando las alas, que rodeando a la fuerza y cortándole así la retirada. Un avance rápido y continuo sobre la principal línea de retirada del enemigo es entonces el objetivo natural del atacante.
- Pero si el enemigo al que hay que atacar ocupa una posición algo concentrada, los movimientos de conversión son una parte esencial del plan de ataque, ya que los ataques frontales recaen sobre la masa de las fuerzas del defensor; pero los movimientos