A menudo resultaría interesante poder remontarnos al origen de muchos de los acertijos más conocidos. Se descubriría que algunos de ellos se plantearon por primera vez en épocas muy remotas, y cabe poca duda de que, si bien es posible que un cierto número haya mejorado con los años, otros se habrán deteriorado e incluso perdido su sentido y propósito originales. Resulta curioso encontrar en los registros de Solvamhall a nuestro viejo conocido el problema del caracol trepador, y se verá que, en su forma moderna, ha perdido su sutileza original.
Con motivo de unos grandes festejos en el Castillo, sir Hugh supervisaba el izado de banderas y estandartes, cuando alguien señaló que un caracol errante estaba trepando por el asta de la bandera. Un sabio anciano dijo:—
—Dicen, señor Caballero, si bien yo tengo tales historias por meras fábulas, que el caracol trepa hacia arriba tres pies durante el día, pero resbala dos pies por la noche.
—Entonces —replicó sir Hugh—, dinos cuántos días le tomará a este caracol llegar desde el fondo hasta la punta del poste.
"Por pan y agua, mucho me extraña que pueda hacerse lo mismo a menos que desmontemos y midamos el bastón."
—Creedme —respondió el caballero—, no hay necesidad de medir el cayado.
¿Puede el lector dar la respuesta a esta versión de un acertijo que todos conocemos tan bien?