Ya era de día, y aún tenía que atravesar los jardines reales situados fuera de los muros del castillo. Estos jardines habían sido trazados en su día por el jardinero de un viejo rey, que había perdido el juicio, pero a quien se le permitía divertirse en ellos.
Eran cuadrados, y estaban divididos en 16 partes por altos muros, tal como se muestra en el plano de los mismos, de modo que había aberturas de un jardín a otro, pero solo dos formas distintas de entrada.
Ahora bien, era necesario que entrara por la puerta A y saliera por la otra puerta B; pero como había jardineros que iban y venían en sus labores, tuve que deslizarme con agilidad de un jardín a otro para no ser visto, y escapar así sin ser observado.
Logré hacerlo, pero después recordé que, a decir verdad, había entrado en cada uno de los 16 jardines una vez, y jamás más de una vez. Esto era, en verdad, algo curioso. ¿Cómo pudo haberse hecho?