En otra ocasión, cierto caballero, sir Ralph de Bohun, fue huésped de los monjes en la abadía de Riddlewell. Hacia el final de un suntuoso banquete, habló de la siguiente manera:—
—Mi Señor Abad, sabiendo muy bien que los acertijos son de tu agrado, te propondré, con tu venia, uno que me fue contado en tierras extranjeras.
Un ejército de cruzados partió a combatir por la buena causa, y tal era su número que pudieron ordenarse formando un cuadrado.
Pero en el camino, un extranjero tomó las armas y se les unió, y entonces pudieron formar exactamente trece cuadrados más pequeños.
Decidme, alegres monjes, ¿cuántos hombres marcharon a la batalla?
El abad David hizo a un lado su plato de empanada de membrillo e hizo unos cálculos rápidos.
—Señor caballero —dijo al fin—, el enigma es fácil de resolver. En primer lugar eran 324 hombres, que harían un cuadrado de 18 por 18, y después 325 hombres harían 13 cuadrados de 25 cruzados cada uno. Pero ¿cuál de vosotros puede decirme cuántos hombres habría habido si, en lugar de 13, hubiesen podido formar 113 cuadrados bajo exactamente las mismas condiciones?
Los monjes abandonaron este enigma, pero el Abad les mostró la respuesta a la mañana siguiente.