nos lo dictaran nuestros recelos y rivalidades mutuos, alimentados por las intrigas de naciones extranjeras.
Pero si no estamos dispuestos a ser colocados en esta situación peligrosa; si aún hemos de adherirnos al diseño de un gobierno nacional, o, lo que es lo mismo, de un poder superintendente, bajo la dirección de un consejo común, debemos resolvernos a incorporar en nuestro plan aquellos elementos que pueden considerarse como formadores de la diferencia característica entre una liga y un gobierno; debemos extender la autoridad de la Unión a las personas de los ciudadanos, los únicos objetos propios del gobierno.
El Gobierno implica la facultad de hacer leyes. Es esencial para la idea de una ley que vaya acompañada de una sanción; o, en otras palabras, de una pena o castigo por la desobediencia. Si no hay una pena anexa a la desobediencia, las resoluciones o mandatos que pretendan ser leyes equivaldrán, de hecho, a nada más que a un consejo o recomendación.