y concentrado de su fuerza?
Nada puede ser más quimérico que imaginar que, en una prueba de fuerza real, ¡la victoria pueda calcularse según las reglas que prevalecen en un censo de habitantes, o que determinan el resultado de una elección!
¿No puede acontecer, en fin, que la minoría de los CIUDADANOS llegue a ser una mayoría de PERSONAS, por la incorporación de residentes extranjeros, de una concurrencia casual de aventureros, o de aquellos a quienes la constitución del Estado no ha admitido a los derechos de sufragio?
No hago caso de una infeliz especie de población que abunda en algunos de los Estados, la cual, durante la calma de un gobierno regular, se halla hundida por debajo de la condición de los hombres; pero que, en las escenas tempestuosas de la violencia civil, puede emerger a la condición humana y dar una superioridad de fuerza a cualquier partido con el que decida asociarse.