hombres cuyas características hagan que su concurso en la formación de tratados sea particularmente deseable, tanto por razón de su sabiduría como de su integridad.
Las observaciones hechas en un número anterior, a las que se ha aludido en otra parte de este escrito, se aplicarán con fuerza concluyente en contra de la admisión de la Cámara de Representantes a una participación en la formación de tratados.
La composición fluctuante y, teniendo en cuenta su futuro incremento, multitudinaria de ese cuerpo, nos prohíbe esperar en él aquellas cualidades que son esenciales para la debida ejecución de semejante mandato.
Un conocimiento exacto y amplio de la política exterior; una adhesión firme y sistemática a los mismos puntos de vista; una sensibilidad delicada y uniforme hacia el carácter nacional; la decisión, el secreto y la rapidez son incompatibles con el genio de un cuerpo tan variable y tan numeroso.
La complicación misma del asunto, al introducir la necesidad de la concurrencia de tantos cuerpos diferentes, constituiría por sí sola una sólida objeción.
La mayor frecuencia de las convocatorias a la Cámara de Representantes, y el mayor tiempo que con frecuencia sería necesario mantenerla reunida una vez convocada, para obtener su sanción en las fases progresivas de un tratado, constituirían una fuente de inconvenientes y gastos tan grande que por sí sola debería condenar el proyecto.
La única objeción que falta por examinar es la que sustituiría la proporción de dos tercios de todos los miembros que componen el cuerpo senatorial, por la de dos tercios de los miembros presentes.