Codal
nydus/The Last ManPublic
Page 16 of 658
Table of Contents

I. El nativo de un rincón rodeado por el mar

entre súplicas y reproches alternativos, suplicó a su amigo que atendiera a sus verdaderos intereses, que evitara con resolución aquellas fascinaciones que de hecho lo estaban abandonando rápidamente, y que empleara sus grandes facultades en un campo digno, en el cual él, su soberano, sería su apoyo, su sostén y su precursor. Mi padre sintió esta bondad; por un momento flotaron ante él sueños ambiciosos; y pensó que sería bueno cambiar sus actuales ocupaciones por deberes más nobles. Con sinceridad y fervor dio la promesa requerida: como prenda de su favor continuado, recibió de su real señor una suma de dinero para sufragar deudas apremiantes y permitirle iniciar bajo buenos auspicios su nueva carrera.

Esa misma noche, aun lleno de gratitud y buenos propósitos, toda esta suma, y su cantidad duplicada, se perdió en la mesa de juego. En su deseo de reparar sus primeras pérdidas, mi padre arriesgó el doble de la apuesta y contrajo así una deuda de honor que era totalmente incapaz de pagar. Avergonzado de recurrir de nuevo al rey, dio la espalda a Londres, a sus falsos deleites y apremiantes miserias; y, con la pobreza como su única compañera, se sepultó en la soledad entre las colinas y los lagos de Cumberland.

Su ingenio, sus bon mots, el recuerdo de sus atractivos personales, sus modales fascinantes y sus talentos sociales fueron recordados durante mucho tiempo y repetidos de boca en boca. Preguntad dónde estaba ahora este mimado de la moda, este compañero de la nobleza, este rayo excelso que doraba con ajeno esplendor las reuniones de la corte y la alta sociedad: se oía que estaba caído en desgracia, un hombre acabado; a nadie se le ocurría que le correspondiera devolver el placer con servicios reales, ni que su largo reinado de brillante ingenio mereciera una pensión al jubilarse. El rey lamentaba su ausencia; le encantaba repetir sus dichos, relatar las aventuras que habían vivido juntos y ensalzar sus talentos; pero ahí terminaba su recuerdo.

16