Codal
nydus/The Last ManPublic
Page 25 of 658
Table of Contents

I. El nativo de un rincón rodeado por el mar

Rara vez sucedía en verdad que saliéramos, para usar una frase anticuada, bien librados. Nuestra delicada comida a menudo se cambiaba por golpes y prisión.

Una vez, a la edad de trece años, fui enviado por un mes a la cárcel del condado. Salí con la moral intacta y mi odio hacia mis opresores multiplicado por diez. El pan y el agua no amansaron mi sangre, ni el aislamiento me inspiró pensamientos apacibles.

Estaba enfadado, impaciente, desgraciado; mis únicas horas felices eran aquellas en las que ideaba planes de venganza, los cuales perfeccioné en mi forzada soledad, de modo que durante toda la temporada siguiente —y fui liberado a principios de septiembre— nunca dejé de procurarme a mí y a mis camaradas comida excelente y abundante.

Este fue un invierno glorioso. Las heladas intensas y las fuertes nevadas domesticaron a los animales y mantuvieron a los hacendados junto al fuego; conseguimos más caza de la que podíamos comer, y mi fiel perro se puso lustroso con nuestros desperdicios.

Así pasaron los años; y los años no hacían sino acrecentar mi amor por la libertad y el desprecio por todo aquello que no fuera tan agreste y salvaje como yo. A la edad de dieciséis años aparentaba ya la madurez de un hombre; era alto y atlético; estaba habituado a las proezas de fuerza y endurecido a las inclemencias de los elementos. Mi piel estaba bronceada por el sol; mi paso era firme por la conciencia del propio poder. No temía a ningún hombre ni amaba a ninguno. En etapas posteriores de mi vida miré con asombro lo que entonces fui; cuán totalmente inútil me habría vuelto de haber continuado mi carrera sin ley. Mi vida era como la de un animal, y mi mente corría el peligro de degenerar en aquello que anima a la naturaleza bruta.

25