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nydus/The Last ManPublic
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II

principios republicanos. Fuera como fuese, la altiva condesa no confiaba a nadie los secretos de su enseñanza familiar. Adrián se había criado en la soledad y se le mantenía alejado de los compañeros naturales de su edad y rango. Alguna circunstancia desconocida indujo ahora a su madre a apartarlo de su tutela directa; y nos llegó la noticia de que estaba a punto de visitar Cumberland. Corría un millar de cuentos que explicaban la conducta de la condesa de Windsor; ninguno verdadero probablemente; pero cada día era más seguro que tendríamos entre nosotros al noble retoño de la antigua casa real de Inglaterra.

Había una gran finca con una mansión adjunta a ella, perteneciente a esta familia, en Ulswater.

Un gran parque era uno de sus anexos, diseñado con mucho gusto y abundantemente provisto de caza. A menudo yo había hecho incursiones en estas reservas, y el estado de abandono de la propiedad facilitaba mis incursiones.

Cuando se decidió que el joven conde de Windsor visitaría Cumberland, llegaron obreros para poner la casa y los terrenos en orden para su recepción. Los apartamentos fueron devueltos a su esplendor original y el parque, reparados todos sus desperfectos, fue custodiado con inusual cuidado.

Me turbó sobremanera esta noticia. Despertó todos mis recuerdos adormecidos, mis suspendidos sentimientos de agravio, y dio lugar a uno nuevo: el de la venganza. Ya no pude atender a mis ocupaciones; todos mis planes y ardides quedaron en el olvido; me pareció que iba a comenzar la vida de nuevo, y ello bajo ningún buen auspicio. Ahora iba a empezar, pensé, la hora de la verdad. Él vendría triunfante al distrito al que mi padre había huido con el corazón destrozado; encontraría a la desdichada prole, legada con tanta vana confianza a su real padre,

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