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Prólogo

inmediato a Moscú para vacunarme. > > “En el gimnasio sacaba sobresaliente en redacción y no siempre me llevaba bien con las matemáticas. Tal vez por eso (pura cabezonería) elegí la carrera más matemática: el departamento de construcción naval del Politécnico de Petrogrado. > > “Hace trece años, en el mes de mayo —y aquel mayo fue notable porque la nieve cubrió las flores—, terminé al mismo tiempo el trabajo de mi tesis y mi primer cuento. El cuento se publicó en el viejo Obrazovanye. > > “Bueno, ¿qué más quieren? Eso significaba que iba a escribir cuentos y que iba a publicarlos. Por lo tanto, durante los tres años siguientes no escribí otra cosa que rompehielos, máquinas de vapor, cargadores y La exploración teórica de las obras de las palas excavadoras flotantes. No pude evitarlo. Estaba adscrito a la cátedra de Arquitectura Naval y me ocupaba de la enseñanza en la facultad de construcción naval, donde enseño hasta el día de hoy. > > “Si significo algo en la literatura rusa, se lo debo por completo al Servicio Secreto de Petrogrado. En 1911 este servicio me exilió de Petrogrado y me vi obligado a pasar dos años en un paraje deshabitado en Lakhta. Allí, en medio del blanco silencio del invierno y el verde silencio del verano, escribí mi Provinciano. Después de eso, el difunto Izmáilov expresó por escrito su creencia de que yo usaba botas muy altas y era un provinciano de pelo largo, que llevaba un bastón pesado, y más tarde se sorprendió mucho de que yo «no me parezca en nada a eso». Por cierto, «en nada a eso» me volví en Inglaterra,

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