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Registro Treinta y Uno

La gran operación⁠—Lo perdoné todo⁠—El choque de trenes.

¡Salvados! ¡En el último momento, cuando parecía que no había a qué aferrarse, que era el fin!⁠ ⁠…

Era como si ya hubieras ascendido los escalones hacia la amenazadora máquina del Bienhechor, o como si la gran Campana de cristal te hubiera cubierto con un ruido sordo y por última vez en la vida miraras el cielo azul para tragártelo con los ojos… ¡cuando de repente, todo era solo un sueño!

¡El sol es rosado y alegre y el muro… qué felicidad poder tocar el frío muro! ¡Y la almohada! ¡Regocijarse sin fin en la pequeña cavidad formada por tu propia cabeza en la blanca almohada!…

Esto es aproximadamente lo que sentí cuando leí el Periódico del Estado esta mañana. Todo ha sido un sueño terrible y este sueño ha terminado. ¡Y fui tan débil, tan infiel, que pensé en una muerte egoísta y voluntaria! Ahora me avergüenza releer las últimas líneas de ayer. ¡Pero que queden como recuerdo de aquel increíble "habría podido suceder", que no sucederá!

En la portada del Periódico del Estado brillaba lo siguiente:

“¡Regocijaos! “¡Porque a partir de ahora somos perfectos! “Antes de hoy, vuestra propia creación, las máquinas, eran más perfectas que vosotros. “¿Por qué?

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