bestias, daban a luz hijos a ciegas! ¿No resulta extraño entender de jardinería, avicultura, piscicultura (tenemos constancia segura de que conocían todas estas cosas) y no ser capaces de alcanzar el último peldaño de esta escala lógica, a saber, la procreación de hijos; no ser capaces de descubrir cosas tales como las Normas Maternas y Paternas?
Es tan grotesco, tan improbable, que mientras escribo esto temo no sea que ustedes, mis desconocidos lectores futuros, piensen que soy meramente un mal bufón.
Siento casi como si pudieran pensar que simplemente quiero burlarme de ustedes y con la apariencia más seria intentar relatarles un absoluto sinsentido.
Pero en primer lugar, soy incapaz de bromear, pues en toda broma una mentira cumple su función oculta.
Y en segundo lugar, ¡la ciencia del Estado Unido sostiene que la vida de los antiguos era exactamente lo que estoy describiendo, y la ciencia del Estado Unido no puede equivocarse!
No obstante, ¿cómo podían tener lógica de Estado, ya que vivían en una condición de libertad como bestias, como simios, como manadas?
¿Qué se podía esperar de ellos, puesto que incluso en nuestros días se oye de vez en cuando, procedente del fondo, de las profundidades primitivas, el eco de los simios?
Por fortuna ocurre solo de vez en cuando, muy raras vez. Felizmente se trata tan solo de la rotura de pequeñas piezas; estas se reparan fácilmente sin detener la eterna gran marcha de toda la máquina. Y para eliminar una clavija rota contamos con la hábil mano pesada del Bienhechor, contamos con los experimentados ojos de los Guardianes. …
Por cierto, acabo de acordarme de aquel Número con el que me encontré ayer, el de doble curva como la letra S; creo que lo he visto varias veces