población del globo no se extinguieron. ¡Pero qué hermosa y resplandeciente quedó la faz de la tierra cuando fue purificada de sus impurezas!
En consecuencia, el 0,2 que sobrevivió ha disfrutado de la mayor felicidad en el seno de los Estados Unidos.
Pero ¿no es evidente que la ventura suprema y la envidia son tan solo el numerador y el denominador, respectivamente, de una misma fracción: la felicidad?
¿Qué sentido tendrían para nosotros los innumerables sacrificios de la Guerra de los Doscientos Años si en nuestra vida quedara algún motivo para los celos?
Sin embargo, tal motivo persistía porque seguía habiendo narices chatas y narices clásicas (véase nuestra conversación durante el paseo).
Pues había algunos cuyo amor era codiciado por todos y otros cuyo amor no era codiciado por nadie.
Naturalmente, habiendo conquistado el hambre (es decir, algebraicamente hablando, habiendo alcanzado la suma del bienestar corporal), el Estado Unico dirigió su ataque contra el segundo soberano del mundo, contra el amor. Al fin este elemento también fue conquistado, es decir, organizado y reducido a una fórmula matemática. Ya han pasado tres tientos desde que se promulgó nuestra gran Lex Sexualis histórica: «Todo Número tiene derecho a obtener un certificado para utilizar a cualquier otro Número como producto sexual».
El resto es solo una cuestión de técnica. Te examinan cuidadosamente en el laboratorio del Departamento Sexual, donde determinan el contenido de las hormonas sexuales en tu sangre y, en consecuencia, te elaboran una Tabla de días sexuales.