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nydus/Oliver TwistPublic
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II. De cómo creció, se educó y se alimentó Oliver Twist

“¡Ajá! —dijo la junta, con aire de gran sabiduría—; nosotros somos los tipos para arreglar esto; lo detendremos todo en un abrir y cerrar de ojos”.

Así pues, establecieron la norma de que todos los pobres tendrían la alternativa (pues no obligarían a nadie, faltaría más) de morir de hambre mediante un proceso lento dentro de la casa, o rápido fuera de ella.

Con este fin, contrataron con la compañía de aguas el suministro ilimitado de agua; y con un mercader de grano para abastecer periódicamente pequeñas cantidades de avena; y decretaron tres raciones diarias de gachas chirlas, con una cebolla dos veces por semana y medio panecillo los domingos.

Hicieron una gran cantidad de otras sabias y humanas regulaciones, referidas a las damas, que no es necesario repetir; se encargaron amablemente de divorciar a los pobres casados, a consecuencia del gran gasto que suponía un pleito en los tribunales eclesiásticos; y, en lugar de obligar a un hombre a mantener a su familia, como lo habían hecho hasta entonces, ¡le quitaron la familia y lo convirtieron en soltero!

No se puede calcular cuántos solicitantes de ayuda, bajo estos dos últimos conceptos, habrían surgido en todas las clases sociales, de no haber estado vinculada al hospicio; pero la junta era gente astuta y había previsto esta dificultad. La ayuda era inseparable del hospicio y de las gachas de avena, y eso asustaba a la gente.

Durante los primeros seis meses después de que Oliver Twist fue apartado, el sistema estuvo en pleno funcionamiento. Al principio resultó bastante costoso, como consecuencia del aumento en la factura del director de funerales y de la necesidad de encoger la ropa de todos los pobres, la cual ondeaba holgadamente sobre sus formas consumidas y encogidas tras una semana o dos de gachas.

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