«Bueno, bueno, señor Bumble —dijo al fin—, no se puede negar que, desde que se implantó el nuevo sistema de alimentación, los ataudes son algo más estrechos y menos profundos de lo que solían ser; pero tenemos que sacar algo de ganancia, señor Bumble. La madera bien estacionada es un artículo costoso, caballero; y todas las manijas de hierro vienen, por canal, desde
—Vaya, vaya —dijo el señor Bumble—, todo oficio tiene sus inconvenientes. Una ganancia justa es, por supuesto, admisible.
—Claro, claro —respondió el funerario—; y si no le gano nada a este o al otro artículo en particular, pues ya me recupero a la larga, ¿ve usted?... ¡je, je, je!
—Así es —dijo el señor Bumble.
—Aunque debo decir —continuó el enterrador, retomando el hilo de las observaciones que el bedel había interrumpido—: > «Aunque debo decir, señor