rápidamente, volvió a caer en sus viejos hábitos y, después de sufrir un largo encierro por un nuevo acto de fraude y villanía, sucumbió por fin a un ataque de su antigua dolencia y murió en prisión. Tan lejos de casa como él, murieron los principales miembros restantes de la banda de su amigo Fagin.
El señor Brownlow adoptó a Oliver como a su hijo. Tras trasladarse con él y la vieja ama de llaves a menos de una milla de la casa rectoral, donde residían sus queridos amigos, satisfizo el único deseo que le quedaba al corazón cálido y ferviente de Oliver, uniendo así a una pequeña comunidad cuya condición se acercaba tanto a la de la felicidad perfecta como jamás pueda conocerse en este mundo cambiante.
Poco después del matrimonio de los jóvenes, el digno doctor regresó a Chertsey, donde, privado de la presencia de sus viejos amigos, se habría sentido descontento si su temperamento hubiera admitido semejante sentimiento; y se habría vuelto bastante cascarrabias de haber sabido cómo.
Durante dos o tres meses, se conformó con insinuar que temía que el aire comenzara a sentarle mal; luego, al descubrir que el lugar ya no era en realidad para él lo que había sido, le liquidó los asuntos a su ayudante, alquiló una casita de soltero a las afueras del pueblo de cuyo pastor era su joven amigo, y se recuperó al instante.
Aquí se aficionó a la jardinería, la plantación, la pesca, la carpintería y otras diversas ocupaciones de índole similar: todas emprendidas con su característico ímpetu. En todas y cada una de ellas se ha vuelto desde entonces famoso en toda la vecindad como una autoridad de lo más profunda.
Antes de su alejamiento, se habíalas arreglado para entablar una fuerte amistad con el señor Grimwig, la cual ese excéntrico caballero le