Dios para que la ayudara. Le había vendido a la muchacha el cuento de que un misterio secreto —que se explicaría algún día— le impedía casarse con ella en ese momento; y así ella había seguido adelante, confiando pacientemente en él, hasta que confió demasiado y perdió lo que nadie podría devolverle jamás. A la sazón, faltaban pocos meses para su parto. Él le contaba todo lo que había planeado hacer, para ocultar su deshonra, de haber vivido, y le rogaba, si él moría, que no maldijera su memoria ni pensara que las consecuencias de su pecado recaerían sobre ella o sobre su pequeño hijo; pues toda la culpa era suya. Le recordaba el día en que le había regalado el pequeño medallón y el anillo con su nombre de pila grabado, y un espacio en blanco dejado para el que esperaba otorgarle algún día; le rogaba que aún lo conservara y lo llevara junto al corazón, como lo había hecho antes, y luego seguía adelante, frenéticamente, con las mismas palabras, una y otra vez, como si se hubiera vuelto loco. Creo que así fue”.
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LI. Que ofrece una explicación de más de un misterio, y comprende una propuesta de matrimonio sin ninguna mención de arras
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