Tratamiento de un Asunto Muy Pobre. Pero que Es Breve, y Podrá Hallarse de Importancia en Esta Historia
No era un mensajero de la muerte inadecuado el que había perturbado la quietud de la habitación de la matrona. Su cuerpo estaba encorvado por la edad; sus miembros temblaban con parálisis; su rostro, distorsionado en una mueca balbuceante, se parecía más a la configuración grotesca de algún lápiz desbocado que a la obra de la mano de la Naturaleza.
¡Ay! ¡Qué pocos rostros de la Naturaleza se dejan a solas para alegrarnos con su belleza!
Las cuitas, las penas y los hambres del mundo los cambian como cambian los corazones; y es solo cuando esas pasiones duermen, y han perdido su dominio para siempre, que las nubes atribuladas se disipan y dejan despejada la superficie del Cielo.
Es común que los semblantes de los muertos, aun en ese estado fijo y rígido, decaigan en la expresión tiempo ha olvidada de la infancia durmiente y se asienten en la mismísima mirada de la temprana vida; tan tranquilos, tan pacíficos vuelven a crecer, que aquellos que los conocieron en su infancia feliz se arrodillan junto al féretro con reverencia y ven al Ángel aun sobre la tierra.
La vieja bruja andaba tambaleándose por los pasillos y subía las escaleras, murmurando algunas respuestas confusas a los reproches de su compañera; viéndose al fin obligada a detenerse para tomar aliento, le