satisfacer tu más querido deseo y ponerte en el buen camino, donde podrás tomar el departamento del negocio que te parezca que te conviene más al principio y que te enseñen todos los demás.
—Hablas como si hablases en serio —replicó Noah.
—¿Qué ventaja sacaría con ser otra cosa? —inquirió Fagin, encogiéndose de hombros—. ¡Ven! Déjame decirte una palabra afuera.
—No hay motivo para molestarse en moverse —dijo Noah, estirando las piernas poco a poco de nuevo—. Ella subirá el equipaje mientras tanto. Charlotte, ocúpate de esos bultos.
Esta orden, que había sido impartida con gran majestad, fue obedecida sin la menor objeción; y Charlotte se apresuró a marchar con los paquetes mientras Noah le sostenía la puerta abierta y la vigilaba hasta verla salir.
—Se la ha mantenido bastante bien dominada, ¿verdad? —preguntó mientras volvía a tomar asiento, con el tono de un domador que hubiera domeñado a algún animal salvaje.