The Pursuit and Escape
Cerca de aquella parte del Támesis con la que linda la iglesia de Rotherhithe, allí donde los edificios de las orillas son más sucios y las embarcaciones del río más negras por el carbón de los colkeros y el humo de las casas apiñadas de tejados bajos, existe el más sucio, el más extraño, el más extraordinario de los muchos parajes que se ocultan en Londres, totalmente desconocidos, incluso de nombre, para la gran masa de sus habitantes.
Para llegar a este lugar, el visitante tiene que adentrarse en un laberinto de calles estrechas, tortuosas y fangosas, abigarradas de gente marginal y pobre de la ribera, y dedicadas al tráfico que es de suponer que esta genera. Los víveres más baratos y de peor calidad se amontonan en los escaparates; las prendas de vestir más burdas y comunes cuelgan de las puertas de los tenderos y ondean desde los antepechos y ventanas de las casas. Codeándose con jornaleros desempleados de la más baja ralea, descargadores de lastre, descargadores de carbón, mujeres desvergonzadas, niños harapientos y la escoria y los despojos del río, avanza con dificultad mientras le asaltan desagradables vistas y olores procedentes de los callejones que se desvían a derecha e izquierda, y queda aturdido por el estrépito de pesados carros que transportan grandes pilas de mercancías desde las moles de los almacenes que se alzan en cada esquina.