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nydus/Oliver TwistPublic
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XV. Que demuestra cuán aficionados al pequeño Oliver Twist eran el alegre viejo judío y la señorita Nancy

Cómo demostraron el viejo alegre y la señorita Nancy lo mucho que querían a Oliver Twist

En el oscuro reservado de una taberna de mala muerte, en la zona más asqueriza de Little Saffron Hill; una guarida oscura y sombría, donde una luz de gas chisporroteaba todo el día en invierno y donde jamás brillaba un rayo de sol en verano; sentado, meditabundo ante una pequeña medida de estaño y un vasito fuertemente impregnados a olor de licor, se encontraba un hombre con chaqueta de terciopelo, calzón corto gris, botines y medias a quien, aun con aquella luz penumbrosa, cualquier agente de policía con experiencia no habría dudado en reconocer como el señor William Sikes.

A sus pies yacía un perro de pelaje blanco y ojos rojos que se entretenía, alternativamente, guiñándole un ojo y luego el otro a su amo y lamiéndose un corte grande y reciente en un lado del hocico, que parecía ser el resultado de alguna riña reciente.

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