Codal
nydus/Oliver TwistPublic
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XXVI. En la que aparece en escena un personaje misterioso; y se hacen muchas cosas, inseparables de esta historia, un

Cerca del punto en el que Snow Hill y Holborn Hill se encuentran, se abre, a la derecha según se sale de la City, un callejón estrecho y sombrío que conduce a Saffron Hill.

En sus sucias tiendas se exponen a la venta enormes montones de pañuelos de seda de segunda mano, de todos los tamaños y diseños; pues aquí residen los comerciantes que se los compran a los carteristas. Cientos de estos pañuelos cuelgan oscilando de las clavijas fuera de las ventanas o flamean en los postes de las puertas; y los estantes, en el interior, están repletos de ellos.

Por muy limitados que sean los confines de Field Lane, tiene su barbero, su cafetería, su cervecería y su establecimiento de pescado frito. Es una colonia comercial en sí misma: el emporio de la pequeña fechoría, visitado al alba y al caer el crepúsculo por mercaderes silenciosos, que comercian en oscuros salones traseros y que se van tan extrañamente como vienen.

Aquí, el ropavejero, el remendón de zapatos y el chatarrero exhiben sus mercancías como carteles indicadores para el ladrón de poca monta; aquí, depósitos de hierro viejo y huesos, y montones de fragmentos mohosos de lana y lino, se oxidan y pudren en los sótanos mugrientos.

Hacia este lugar se dirigió el judío. Era bien conocido por los cetrinos habitantes del callejón; pues cuantos de ellos andaban a la caza de alguna compra o venta, lo saludaban con familiaridad al pasar.

Él respondía a sus saludos del mismo modo, pero no les prestaba mayor atención hasta que llegó al fondo del callejón; entonces se detuvo para dirigirse a un vendedor de baja estatura, quien había metido la mayor parte de su cuerpo en una silla de niño —tanto como la silla le permitía— y fumaba una pipa a la puerta de su almacén.

—¡Vaya, con verle a usted, señor Fagin, se le curaría a uno la ophtalmia! —dijo este respetable comerciante, respondiendo al saludo

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