Codal
nydus/Oliver TwistPublic
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XLII. Un viejo conocido de Oliver, que exhibe marcados signos de genialidad, se convierte en un personaje público en la metrópoli

—¡No! Me iré a perder entre las calles más estrechas que encuentre y no pararé hasta dar con la casa más apartada de la mano de Dios que logre ver. ¡Voto a bríos!, bien puedes darle gracias al cielo de que yo tengo cabeza; porque si al principio no hubiéramos tomado el camino equivocado adrede y vuelto a través del campo, ya te habrían encerrado bien y a cal y canto hace una semana, madrecita. Y bien merecido te lo tendrías por

—Sé que no soy tan astuta como tú —respondió Charlotte—; pero no me eches toda la culpa a mí ni digas que tendrían que haberme encerrado. De todas formas, a ti también te habrían encerrado si lo hubieran hecho conmigo.

—Te cogiste el dinero de la caja, bien que sabes que lo hiciste —dijo el señor Claypole.

—Lo tomé por ti, Noah, querido —replicó Charlotte.

—¿Lo guardé? —preguntó el señor Claypole.

—No; confiaste en mí y me dejaste llevarlo como un sol, y eso es lo que eres —dijo la señora, dándole una caricia en la barbilla y pasando su brazo por el de él.

Este era en verdad el caso; pero como no era hábito del señor Claypole depositar una ciega y tonta confianza en nadie, debe observarse, en justicia a dicho caballero, que le había confiado a Charlotte esa cantidad para que, si los perseguían, el dinero fuera encontrado en poder de ella: lo que le dejaría a él la oportunidad de afirmar su inocencia de cualquier robo y facilitaría enormemente sus posibilidades de escapar.

Por supuesto, en este momento no dio ninguna explicación de sus motivos, y siguieron caminando juntos muy cariñosamente.

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