Codal
nydus/Oliver TwistPublic
Página 446 de 687
Table of Contents

XXXVI

—¡Eh! —gritó el doctor, bajando el cristal delantero con muchísima prisa y diciéndole a voces al postillón—: Algo que no sea precisamente volar bastará para seguirme el ritmo. ¿Me oyes?

Entre tintineos y estrrépitos, hasta que la distancia hizo que su ruido fuera inaudible y su rápido avance solo perceptible a la vista, el carruaje serpenteaba por el camino, casi oculto en una nube de polvo: desapareciendo por completo ahora, y volviéndose visible de nuevo después, según se lo permitían los obstáculos intermedios o los vericuetos de la ruta. No fue sino hasta que ni siquiera la polvorienta nube pudo volver a verse, que los mirones se dispersaron.

Y había un espectador que permanecía con los ojos fijos en el lugar donde el carruaje había desaparecido, mucho después de que estuviera a muchas millas de distancia; porque, tras la cortina blanca que la había ocultado de la vista cuando Harry levantó los ojos hacia la ventana, estaba sentada la propia Rose.

—Parece de buen humor y feliz —dijo, al fin—. Temí por un momento que pudiera ser de otra manera. Me equivoqué. Me alegro mucho, muchísimo.

Las lágrimas son señales de alegría tanto como de dolor; pero aquellas que surcaban el rostro de Rose, mientras estaba sentada pensativa junto a la ventana, contemplando aún en la misma dirección, parecían hablar más de tristeza que de júbilo.

446