“Sí—sí—¡sí!”, suspiró la matrona.
—Una más —prosiguió el bedel—; calme sus entrañables sentimientos por tan solo una más. ¿Cuándo va a celebrarse?
La señora Corney intentó hablar dos veces, y las dos veces fracasó. Por fin, tomando valor, pasó los brazos alrededor del cuello del señor Bumble y dijo que podría ser tan pronto como él quisiera, y que él era «un patito irresistible».
Estando las cosas así arregladas de forma amistosa y satisfactoria, el contrato fue ratificado solemnemente con otra tacita de la mezcla de menta; la cual se hizo tanto más necesaria debido al temblor y la agitación del ánimo de la señora. Mientras se la tomaba, puso al corriente al señor Bumble del fallecimiento de la anciana.
—Muy bien —dijo aquel caballero, sorbiendo su