Relata lo que los nuevos visitantes de Oliver pensaron de él
Con muchas locuaces garantías de que se llevarían una agradable sorpresa ante el aspecto del criminal, el doctor pasó el brazo de la joven por el suyo; y ofreciendo su mano libre a la señora Maylie, los condució, con mucha ceremonia y pompa, piso arriba.
«Ahora —dijo el doctor en un susurro, mientras giraba suavemente el picaporte de la puerta de un dormitorio—, veamos qué opinas de él. No se ha afeitado muy recientemente, pero a pesar de eso no tiene nada de ferocidad. ¡Espera, no obstante! Déjame comprobar primero que está en condiciones de recibir visitas».
Dando un paso al frente, miró hacia el interior de la habitación. Haciéndoles seña de que avanzaran, cerró la puerta una vez que hubieron entrado; y corrió suavemente las cortinas de la cama. Sobre ella, en lugar del villano obstinado y de rostro oscuro que esperaban contemplar, yacía un mero niño: consumido por el dolor y el agotamiento, y sumido en un profundo sueño. Su brazo herido, vendado