—Bien, Oliver —dijo Sowerberry mientras caminaban hacia la casa—, ¿cómo te va pareciendo?
—Bastante bien, gracias, señor —contestó Oliver con bastante vacilación—. No mucho, señor.
—Ah, con el tiempo te acostumbrarás, Oliver —dijo Sowerberry—. No es nada cuando uno se acostumbra, muchacho.
Oliver se preguntó para sus adentros si le habría tomado mucho tiempo al señor Sowerberry acostumbrarse a aquello. Pero pensó que era mejor no hacer la pregunta; y regresó caminado a la tienda, dándole vueltas en la cabeza a todo lo que había visto y oído.